pero a la vez
después de cada paso
después de cada bocado de plenitud
vuelve la soledad
y se instala
para días
semanas
o meses
y el frío de la noche se queda pegado a los huesos
sin que pueda hacer nada para quitármelo
durante toda la jornada.
su voz desconocida suplicando ternura. Recuerdo los aullidos externos la pesadumbre en los platos la suciedad humedeciendo el mantel. Recuerdo mis manos sobre sus huesos rotos la bombilla a punto de fundirse el reloj de pared estropeado. Su última comida, su última palabra sobre el campo de batalla. Tras un último vistazo al corazón, tras esparcir el polvo, la vida siguió como si nada. msg
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